La Fortuna y la erupción del Volcán Arenal de 1968: la historia completa
Guía de viaje

La Fortuna y la erupción del Volcán Arenal de 1968: la historia completa

Can't Wait Travel CR13 de julio de 202610 min de lectura

Cómo una erupción en 1968 convirtió a un pueblo tranquilo en la capital de la aventura de Costa Rica: la historia del volcán Arenal, sus aguas termales y cómo visitarlo hoy.


Si alguna vez has estado en La Fortuna, seguro te quedaste viendo hacia arriba, hacia el Volcán Arenal, pensando: qué lugar tan bonito y tan tranquilo. Y lo es. Pero ese volcán no siempre estuvo calmado. El 29 de julio de 1968, el Arenal hizo erupción sin ningún aviso y lo cambió todo. Destruyó tres poblados, se llevó 87 vidas y convirtió a un pueblo agrícola somnoliento en el epicentro de uno de los eventos volcánicos más dramáticos de la historia moderna de Costa Rica. Lo que pasó después de esa erupción es una historia de resiliencia, reinvención y transformación. Así fue como La Fortuna pasó de ser un rincón olvidado de las llanuras del norte a uno de los destinos más visitados de toda Centroamérica.

Antes de la erupción: la vida tranquila a la sombra de un volcán "muerto"

Antes de 1968, nadie pensaba que el Arenal fuera peligroso. De hecho, la mayoría ni siquiera lo consideraba un volcán. La gente del lugar le decía Cerro Arenal. Llevaba dormido tanto tiempo — unos 500 años — que estaba cubierto de bosque espeso desde la base hasta la cima. No se veía ningún cráter. Nada de vapor. Ninguna señal de vida bajo la superficie. Todo alrededor era pura zona agrícola. La Fortuna, que originalmente se llamaba El Borio, era una pequeña comunidad campesina donde las familias sembraban caña de azúcar, frijoles y maíz, y criaban ganado. Los caminos eran de tierra. No había electricidad. El hospital más cercano quedaba a horas de distancia. La vida era sencilla, dura y giraba por completo alrededor de la tierra.

Los poblados de Tabacón, Pueblo Nuevo y San Luis estaban en los flancos oeste y norte del volcán, más cerca de la cima. Ahí habían vivido familias por generaciones. Nadie tenía motivo para preocuparse.

29 de julio de 1968: el día en que todo cambió

Alrededor de las 7:30 de la mañana del 29 de julio de 1968, el Volcán Arenal hizo erupción de forma violenta. No fue un despertar lento ni gradual. Tres cráteres nuevos se abrieron en el flanco oeste, uno tras otro. Los flujos piroclásticos — nubes sobrecalentadas de gas, ceniza y roca que viajan a más de 100 kilómetros por hora — bajaron arrasando la montaña. Las explosiones se escucharon a más de 150 kilómetros de distancia. En cuestión de minutos, los pueblos de Tabacón, Pueblo Nuevo y parte de San Luis quedaron sepultados. Ochenta y siete personas perdieron la vida. Murieron miles de reses. Casas, iglesias y escuelas quedaron destruidas. El paisaje era irreconocible. Los potreros que habían sido verdes y productivos quedaron bajo metros de material volcánico.

La erupción agarró a todos por sorpresa porque no existía ningún registro histórico de que el Arenal estuviera activo. Después, los científicos descubrieron que el volcán había hecho erupción varias veces en el pasado, pero los intervalos entre una y otra eran tan largos que toda la memoria se había perdido. El evento de 1968 se clasificó como una erupción vulcaniana, de las más explosivas que existen. Lanzó columnas de ceniza a varios kilómetros de altura y expulsó peñascos del tamaño de un carro.

Antes del 29 de julio de 1968, el Arenal era apenas un cerro cubierto de árboles. Después de ese día, se convirtió en uno de los volcanes más estudiados y más temidos de América.

Después del desastre: reconstruir desde las cenizas

La destrucción fue devastadora, pero la gente de La Fortuna no se fue. Los sobrevivientes de los pueblos destruidos se reubicaron en zonas más seguras del lado este del volcán, justo donde hoy está La Fortuna. El gobierno costarricense declaró la zona en estado de emergencia y empezó a enviar ayuda. Llegaron científicos de todo el mundo a estudiar el volcán, y el Arenal se convirtió rápidamente en uno de los volcanes más monitoreados del planeta.

Durante las siguientes décadas, el Arenal se mantuvo activo sin parar. Producía coladas de lava constantes, explosiones pequeñas y columnas de ceniza que se veían a kilómetros. De noche el volcán brillaba rojo y dejaba caer ríos de roca fundida por sus flancos. Esa actividad continua, aunque peligrosa, se convirtió en algo extraordinario: un espectáculo natural que muy pocos lugares en la Tierra podían ofrecer. Y la voz se empezó a correr.

El nacimiento del turismo en La Fortuna

En los años ochenta, Costa Rica en general empezaba a apostarle al ecoturismo como estrategia económica. La red de parques nacionales se estaba ampliando y el gobierno entendió que sus recursos naturales podían generar ingresos sin ser destruidos. El Parque Nacional Volcán Arenal se creó en 1991 y protegió 12.124 hectáreas alrededor del volcán y del cercano Cerro Chato. Ese fue el punto de quiebre para La Fortuna.

La primera ola de turistas llegó específicamente a ver las erupciones. En los años noventa, uno podía sentarse en restaurantes y hoteles del lado oeste y ver de noche las coladas de lava bajando por la montaña. Era uno de los espectáculos naturales más impresionantes del mundo, y atrajo a vulcanólogos, fotógrafos, aventureros y viajeros curiosos de todos los continentes. El pueblo que una generación antes sembraba caña ahora estaba construyendo hoteles, restaurantes y operadoras de tours.

Aguas termales: el regalo que estaba bajo tierra

La misma actividad volcánica que hacía peligroso al Arenal creó algo extraordinario bajo tierra. La energía geotérmica del volcán calienta ríos subterráneos que salen a la superficie en forma de aguas termales naturales por toda la zona de La Fortuna. La gente del lugar conocía esas aguas calientes desde hacía décadas, pero fue el turismo el que las convirtió en atracciones de clase mundial.

Tabacón Hot Springs, construido justo donde antes estaba el pueblo de Tabacón, abrió en 1997 y se convirtió en una de las experiencias más icónicas de Costa Rica. El resort usa agua calentada de forma natural que baja del volcán, sin ningún calentamiento artificial. El agua alcanza entre 27 y 39 grados Celsius en varias pozas repartidas entre jardines tropicales. Después vinieron otras termales: Baldi, Ecotermales, The Springs Resort, Titoku, Paradise Hot Springs y varios puntos naturales gratuitos a la orilla del río donde los locales todavía se bañan. Hoy, las aguas termales de La Fortuna son una de las razones principales por las que la gente viene, y la ironía es potente: la misma fuerza volcánica que destruyó el pueblo de Tabacón hoy atrae a cientos de miles de visitantes a ese mismo lugar cada año.

Lago Arenal: de proyecto hidroeléctrico a paraíso de aventura

En 1979, el gobierno de Costa Rica terminó la represa de Arenal y creó el Lago Arenal, el lago más grande del país. El objetivo principal era la energía hidroeléctrica: el complejo Arenal-Tempisque genera cerca del 12% de la electricidad de Costa Rica. Pero el lago también transformó el paisaje de la región y su potencial turístico.

El Lago Arenal se ganó rápido la fama de ser uno de los mejores destinos del mundo para windsurf y kitesurf, gracias a los vientos alisios constantes que cruzan el lago de diciembre a abril. Hoy el lago también ofrece kayak, stand-up paddle, pesca de guapote y tours en bote con vista al volcán. La zona alrededor del lago ha atraído a residentes internacionales, pensionados y hoteles boutique, y le sumó otra capa a la economía turística de La Fortuna.

2010: el volcán se queda en silencio

En octubre de 2010, el Volcán Arenal entró en una nueva fase de descanso. Las coladas de lava se detuvieron. Las erupciones cesaron. El resplandor rojo que había iluminado el cielo nocturno por más de 40 años se apagó. Para mucha gente de La Fortuna, eso fue una crisis. La actividad del volcán había sido el gran atractivo durante décadas. Las operadoras que habían armado su negocio alrededor de los tours para ver lava de repente no tenían nada que mostrar.

Pero La Fortuna se adaptó, igual que lo hizo después de la erupción de 1968. La comunidad había pasado décadas construyendo infraestructura, desarrollando actividades de aventura y ganándose la reputación de ser el destino de aventura por excelencia de Costa Rica. Cuando la lava se detuvo, el pueblo se apoyó en todo lo demás que tenía para ofrecer. Y resultó que era muchísimo.

La Fortuna hoy: la capital de la aventura

Hoy, La Fortuna recibe más de 1,2 millones de visitantes al año, lo que la convierte en uno de los destinos más visitados de Costa Rica. El volcán puede estar tranquilo, pero el pueblo nunca ha estado tan movido. La lista de actividades disponibles es impresionante: caminatas a la famosa Catarata La Fortuna con su caída de 70 metros, recorridos por puentes colgantes entre el dosel del bosque nuboso, canopy sobre cañones volcánicos, rafting en los ríos Balsa y Toro, canyoning y rapel por cataratas, cabalgatas hasta aguas termales escondidas, stand-up paddle en el Lago Arenal, tours nocturnos por la selva para ver ranas, insectos y aves dormidas, tours de fincas de cacao y café y, por supuesto, meterse en aguas termales famosas en todo el mundo.

  • Catarata La Fortuna: una caída de 70 metros rodeada de selva virgen, a la que se llega por un sendero de 500 gradas
  • Parque Nacional Volcán Arenal: senderos entre antiguas coladas de lava con vistas al volcán y al Lago Arenal
  • Aguas termales: más de una docena de opciones, desde resorts de lujo hasta pozas naturales gratuitas en el río
  • Puentes colgantes: pasarelas elevadas entre el dosel del bosque primario y secundario
  • Rafting: rápidos clase II a IV en los ríos Balsa y Toro
  • Canopy: varios tours con cables que superan los 750 metros de largo
  • Cerro Chato: una caminata exigente hasta una laguna en el cráter de un volcán dormido, junto al Arenal
  • Cavernas de Venado: cuevas subterráneas de piedra caliza con estalactitas, murciélagos y ríos internos

El pueblo mismo también cambió muchísimo. Lo que antes era una sola calle principal con una iglesia y unas cuantas pulperías hoy tiene restaurantes internacionales, cervecerías artesanales, hoteles boutique, espacios de coworking y una vida nocturna que sorprende a quienes llegan por primera vez. La Fortuna se convirtió en un lugar donde conviven mochileros, viajeros de lujo, familias, parejas en luna de miel, nómadas digitales y fanáticos de la adrenalina.

La transformación económica

Los números cuentan una historia contundente. El cantón de San Carlos, donde está La Fortuna, tiene una de las economías más diversificadas de la Costa Rica rural. El turismo representa una parte enorme del empleo local y ha creado oportunidades que sencillamente no existían antes. Familias que antes sembraban para subsistir hoy manejan operadoras de tours, hoteles, restaurantes y servicios de transporte. Los jóvenes que antes se habrían ido para San José ahora se quedan y construyen su carrera en hotelería y turismo de aventura.

La infraestructura también mejoró un montón. La ruta de San José a La Fortuna, que antes era un viaje agotador de seis horas por caminos de montaña sin asfaltar, hoy es una carretera bien mantenida que toma unas tres horas. Hay internet confiable, servicios de salud modernos y hospedaje de estándar internacional en todos los rangos de precio. La Fortuna es la prueba de que el ecoturismo, bien hecho, puede transformar una comunidad sin destruir lo que la hace especial.

Lo que enseña un volcán

La historia de La Fortuna es, al final, la historia de convertir un desastre en una oportunidad. La erupción de 1968 fue una tragedia que nadie vio venir. Destruyó pueblos, se llevó vidas y cambió el paisaje para siempre. Pero la gente que se quedó reconstruyó. Se adaptó. Cuando el volcán se volvió una atracción turística, lo aprovecharon. Cuando el volcán se quedó en silencio, diversificaron. Y cuando el mundo empezó a buscar experiencias de viaje auténticas y en contacto con la naturaleza, La Fortuna ya estaba lista.

Hoy el Arenal sigue ahí como recordatorio del poder increíble que hay bajo la superficie, tanto geológico como humano. Algún día el volcán va a volver a hacer erupción. Los científicos lo monitorean constantemente y la comunidad está mucho mejor preparada de lo que estaba en 1968. Mientras tanto, ahí está: perfectamente cónico, muchas veces envuelto en nubes, cuidando un pueblo que le debe toda su identidad moderna a una mañana explosiva de hace casi 60 años.

La Fortuna no se convirtió en un destino de clase mundial a pesar de la erupción. Se convirtió en uno gracias a ella. La misma fuerza que destruyó también creó, y la gente de este pueblo convirtió la tragedia en algo extraordinario.

Preguntas frecuentes sobre el Arenal y La Fortuna

¿Cuándo hizo erupción el volcán Arenal?

La erupción catastrófica del Arenal empezó el 29 de julio de 1968, después de siglos de estar dormido. Se mantuvo activo por décadas hasta entrar en una fase de descanso en 2010.

¿El volcán Arenal sigue activo?

El Arenal todavía se clasifica como activo, pero está en reposo desde 2010, sin lava ni explosiones. Puedes visitar La Fortuna con total seguridad y ver el cono icónico de cerca.

¿Por qué La Fortuna es uno de los mejores destinos de Costa Rica?

La erupción de 1968 transformó la región, y su calor geotérmico creó aguas termales naturales de clase mundial. Hoy La Fortuna es la capital de la aventura de Costa Rica: caminatas al volcán, cataratas, puentes colgantes y aguas termales.

¿Cómo llego a La Fortuna?

La mayoría de los viajeros llega en shuttle privado desde el aeropuerto de San José (SJO), unas 3 horas, o desde Liberia (LIR), también alrededor de 3 horas. Revisa nuestras rutas de shuttle para opciones puerta a puerta.

Cómo llegar a La Fortuna

La Fortuna está a unos 130 kilómetros de San José y a 200 kilómetros de Liberia. El viaje desde San José toma cerca de 3 horas por la carretera principal que pasa por Ciudad Quesada (San Carlos). Desde Liberia, la ruta pasa por Cañas y Tilarán y toma alrededor de 3,5 horas. Muchos viajeros también llegan desde Monteverde con el famoso traslado jeep-bote-jeep que cruza el Lago Arenal, que es una aventura en sí mismo y toma unas 3,5 horas incluyendo la travesía escénica por el lago.

Ya sea que vengas del aeropuerto, de la costa pacífica o de otro destino en Costa Rica, nos conocemos estos caminos de memoria. Nuestros choferes llevan años recorriendo la ruta a La Fortuna, y nos aseguramos de que llegues relajado, bien informado y con ganas de explorar un pueblo con una de las historias más increíbles de toda Costa Rica.

¿Listo para conocer La Fortuna y su historia volcánica? Deja el manejo en nuestras manos y disfruta el camino.

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